En las últimas semanas ha imperado en Senegal un clima de tensión. El principal candidato a la oposición, Ousmane Sonko, ha sido objeto de una serie de actividades represivas. Todo comenzaría el pasado marzo de 2021, cuando Sonko era acusado de un presunto caso de abuso sexual y amenaza de muerte a la joven masajista Adji Sarr. El presidente del partido Patriotes africains du Sénégal pour le travail, l’éthique et la fraternité1 (PASTEF), negó los hechos, alegando que se trataba de una estrategia por parte del gobierno para apartarle de su carrera política. Los hechos acarrearon su suspensión como diputado en la Asamblea Nacional. Tras el arresto de Sonko, la juventud senegalesa tomó las calles a modo de protesta. Las movilizaciones escalaron hasta el punto de causar una decena de muertos como consecuencia de las represiones policiales. Ousmane Sonko fue puesto en libertad y posteriormente dirigió un discurso a las masas, instándolas a canalizar su malestar en las elecciones presidenciales de 2024.

Un año después, el candidato a la presidencia por PASTEF fue nuevamente acusado, esta vez por difamación al ministro de turismo Mame Mbaye Niang. Tras una denuncia formal, se celebró un juicio en el que se determinaría el veredicto de los hechos. El proceso se desarrolló bajo un clima de máxima tensión social. Sonko estuvo sujeto a una serie de dinámicas de intimidación y violencia, las cuales achacaba directamente a Macky Sall, el actual presidente de la República de Senegal. Estas formas de intimidación pasaban por actos que involucraban a las fuerzas del orden tales como la extracción forzosa del líder de la oposición de su vehículo, obligarlo a trasladarse mediante vehículos policiales sin órdenes de arresto, rodear su vivienda con cuerpos de la gendarmería, y hasta lanzarle gases lacrimógenos. Ante la proximidad de la fecha del juicio, el presidente de PASTEF nombró a Juan Branco2 como abogado de su defensa. Branco no pudo desempeñar su función, pues le fue negada la entrada a Senegal y fue retornado a Francia.

Paralelamente, las protestas no cesaron. La juventud senegalesa tomó las calles y se enfrentó a la policía denunciando la represión contra Sonko y recriminando la brutalidad policial hacia los manifestantes, que dejaba una cincuentena de heridos y cerca de doscientos detenidos. El juicio se celebró finalmente el pasado 30 de marzo, dando como resultado la condena de Ousmane Sonko a dos meses de prisión y una indemnización de 200 millones de francos CFA (lo que equivaldría a unos 300.000 euros) al ministro de Turismo. Esta condena podría limitar la candidatura presidencial de Sonko, pues la legislación senegalesa restringe a aquellos candidatos que se encuentran imputados o condenados por alguna infracción. El equipo de defensa de Sonko presentó un recurso ante la sentencia, algo que sosegó efímeramente las movilizaciones.

Posteriormente, se fijó el día 1 de junio como la fecha del veredicto judicial entorno a las acusaciones por abuso sexual y amenazas de muerte. Los días previos a la esperada sentencia dieron lugar a protestas en las calles de Dakar y nuevamente, coacciones hacia el candidato a la presidencia Ousmane Sonko. Se llevó a cabo un arresto domiciliario contra su persona, además del registro y confiscación de algunos de sus objetos personales (teléfono móvil, ordenador, documentos de identidad, etc.), y el acordonamiento de su vivienda con vehículos policiales. El pasado 1 de junio se hizo pública la sentencia, la cual absolvía a Sonko de los abusos sexuales, pero lo condenaba in absentia a dos años de prisión por corromper a la juventud. A raíz de los hechos, se iniciaron movilizaciones masivas por todo el país exigiendo la dimisión de Macky Sall y la liberación de Sonko, quién se encuentra bajo arresto domiciliario y sin poder establecer contacto alguno con el exterior. Las protestas inundaron las calles senegalesas, y a pesar de las duras represiones, las cuales causaron la muerte de una treintena de personas, la juventud senegalesa se ha mostrado perseverante. Las autoridades del país procedieron a la restricción del acceso a internet y a las redes sociales, lo que ha llegado a limitar la difusión de la brutalidad policial contra los civiles. Los hechos ocurridos en las últimas semanas retratan una regresión de los valores democráticos en Senegal. Así mismo, la respuesta de la comunidad internacional ha sido discreta. La CEDEAO difundió un comunicado el pasado dos (2) de junio denunciando las protestas. Las autoridades francesas también se posicionaron en contra de las manifestaciones, mostrando su apoyo al gobierno.

Los últimos meses nos han permitido observar las maniobras políticas tanto de Sonko como de Sall. Por su lado, el primero ha dejado entrever su estrategia electoral, que se basa en presentar su candidatura como lo opuesto a Macky Sall. De este modo, mientras el presidente es incapaz de satisfacer las necesidades de los senegaleses, él se compromete a hacerlo; acusándolo de ser un fantoche del gobierno francés y otras potencias, se presenta como un líder plenamente consciente de las lógicas del neocolonialismo y, además, promete combatirlo. La antagonización de su persona frente a la figura del líder oficialista puede ser un modo de reclamar el voto útil de la sociedad senegalesa. Todo ello nos puede llevar a plantearnos si los discursos de Ousmane Sonko entorno a la denuncia del neocolonialismo en África se tratan de una verdadera manifestación de los ideales panafricanistas o bien, de una mera estrategia de campaña electoral para obtener votos.

Por su parte, Macky Sall ha mostrado poca claridad entorno a la postulación de su candidatura en los próximos comicios. La constitución del país establece un límite de dos mandatos consecutivos, los cuales Sall ya habría cumplido. Entre 2011 y 2012 se celebraron numerosas manifestaciones en denuncia a las intenciones del entonces presidente Abdoulaye Wade de reformar la constitución para poder así presentar una tercera candidatura. En aquel entonces, el propio Macky Sall, como candidato a las elecciones, denunció las intenciones de Wade y se presentó como la alternativa a su gobierno. El abrumador apoyo que recibió de las masas, le permitió ganar las elecciones de 2012 y convertirse en presidente de Senegal. Los hechos que están ocurriendo en la actualidad nos remiten a pensar que el presidente Sall está actuando en contra de lo que él mismo representaba diez años atrás, ¿nos encontramos nuevamente ante el fantasma del tercer mandato? No está de menos mencionar que Senegal ha representado desde su independencia hasta la actualidad, uno de los países africanos más estables democráticamente. El actual retroceso de las relaciones entre Francia y algunas de sus excolonias, ha generado debates entorno a la conveniencia que podría suponer la continuidad de un presidente como Sall, el cual mantiene relaciones favorables con los galos.

1Su traducción al español sería: “Los patriotas africanos de Senegal para el Trabajo, la Ética y la Fraternidad”

2 Juan Branco llevó a cabo tareas de asesoría jurídica a Julian Assange con el escándalo de WikiLeaks.


Mariama Jadama Minteh

Licenciada en Ciencias Políticas y de la administración, máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos. Con áreas de interés en la integración económica y regional, panafricanismo, neocolonialismo, militarismos, procesos electorales, corrientes de pensamiento político y la igualdad de género en el continente africano.

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